Reservas

Reserva aquí sin salir de la página.

La Guerra de los Apus

La Guerra de los Apus

En los albores del mundo cuando la faz de la tierra era plana, en esta parte del planeta los mares inundaban la actual ciudad de Arequipa y las pampas de majes. En esos tiempos los ríos de la costa apenas eran unos riachuelos, en las partes altas entre los volcanes había enormes lagunas, donde habitaban gigantescos peces, en sus pampas retozaban los primos hermanos de guanacos y vicuñas, Los cóndores tenían el doble de corpulencia que en la actualidad, volaban solemnes y solamente llegaban hasta esos lugares para aparearse. En esos tiempos llovía de noche y los días eran soleados. En sus bosques de queñuales y quishuares habitaban enormes mamíferos como tarucas, chinchayas (osos) vizcachas, y otros roedores, también habitaban aves como: perdices, kivios, ñanduces, entre otros. En sus árboles anidaban colibríes chillchas y cuculíes. Los pumas y zorros tenían sus guaridas en pedregales La vida era muy tranquila y de felicidad.

En esos tiempos, sobre la faz de esta parte de la tierra, se alzaban los apus: el Ampato, el Ccorepuna y sus ayllus. El Misti, Chachani y otros volcanes no existían aun. Los apus tenían sus hembras y descendientes, quienes convivían en mutuas consideraciones y frecuentes obsequios. El Ampato un robusto volcán uno de los más altos (cerca de 7,000m), con su hembra Walka-Walca, tuvieron un hijo Sahuanjea. De otro lado el Ccorepuna, aún más alto que el Anpato, era muy rico, vivía rodeado de mucho oro, por eso se le llamó “Ccorepuna”, que en quechua significa “Volcán de oro” tuvo su hembra “Solimana” y una hermosa hija.

Para comunicarse ambos ayllus enviaban sus mensajes utilizando un gran puente, el “Koyche” (arco iris), en ocasiones los relámpagos y truenos divulgaban los mensajes. O también las aves de alto vuelo y los más veloces mamíferos se convertían en buenos mensajeros.

Por la generosidad del padre sol, quien les prodigaba una vida de esplendor y de bonanza, ambos ayllus decidieron entregar en ofrenda algo realmente valioso y apetecible por su dios, acordaron entonces sacrificar a uno de sus hijos. Siendo difícil la tarea de elección, encomendaron al “pacpaco” (lechuza), la tarea de la elección. Desde entonces a esta ave nocturna se le conoce como el agorero de la fatalidad, y la muerte, por eso su canto es indeseado y es espantado de cuanto árbol o lugar logre propasarse.

El “pacpaco” ingresando a los laberintos del “huku pacha” (mundo te abajo o infierno), con la ayuda del “laycca” (brujo) leyeron en su “mesa” el destino de los jóvenes y las apetencias del dios Sol, y resolvieron entregar a la princesa hija de Ccorepuna, como ofrenda al padre sol. Anunciaron la decisión en “Hanac pacha” (el cielo) y “Kay pacha” (el mundo terrenal), con apoyo de truenos y relámpagos, las aves y mamíferos se encargaron de llevar el mensaje a todos los rincones de ese mundo. El aviso causó tristeza en los padres de ambos ayllus, pero llanto y tragedia en el espíritu del joven Sahuanjea, quien con la princesa estaban enamorados desde muy tiernos y pensaban formar su propio ayllu unificando el Colca y Cotahuasi.

Sahuanjea, al saber la trágica noticia, desobedeciendo los acuerdos de los apus, de no traspasar las linderos de sus propios dominios, burló las fronteras para salvar a su amada, quien para no ser visto viajó por cavernas y gigantescas grietas, pero lamentablemente fracasó en su intento, porque el “añas” (zorrino) se cruzó en su camino y dio aviso al “pacpaco”, quien alertó a los apus mediante alaridos y truenos.

Al enterarse de tan fatídico intento de Sahuanjea, ambos apus acordaron, poner obstáculos para impedir futuros intentos de rapto. Dichos obstáculos consistieron en labrar unas zanjas muy profundas. El Ampato lanzó fuego derritió las rocas y con ayuda de su barreta escarbó un profundo cañón en forma de “V”, a quien llamó “Ccolcca”, mientras que Ccorepuna lanzando fuego y utilizando su lampa de oro, labró otro cañón profundo pero en forma de “U”, a quien llamó “Ccotahuasi”, así nacieron ambos cañones, por cuyo cauce circularon caudalosos y rugientes ríos.

Sahuanjea lloraba y sufría sin consolación, su llanto se convirtió en lava ardiente, que derritió los nevados que cubrían las cabezas de sus padres, entonces se formaron corrientes de “huaycos” que arrastraron lodo, lava y ceniza, hasta cubrir y represar el cañón Ccolcca, muy cerca al lugar de “Ccahuanacunqui” donde se fundó la Capital de la cultura Cabana. Al ser tapado el cauce del río Ccolcca, empezó a formarse una enorme laguna, cuyas aguas se extendían desde Pinchollo hasta Yanque.

Sahuanjea, en un nuevo intento de salvar a su amada, cruzó en la oscuridad de la noche el cañón Ccolcca por la cresta de la presa y raptó a la princesa. De regreso habló con su madre Walka-Walka para que le ayudara a ocultar a su amada, y ambos la ocultaron.

Ccorepuna al enterarse del infausto acontecimiento, lanzó un alarido de reclamo y advertencia, para que devuelvan a su hija, para ser entregado en ofrenda al padre Sol.

Madre e hijo convencieron al apu Ampato defender la felicidad de los jóvenes enamorados, y entonces devolvieron la negativa como respuesta. Así empezó la guerra entre ambos Apus, entre ambos ayllus.

El Ccorepuna, estalló en cólera, botó fuego y lava ardiente, y lanzó con su “huaraca” (honda, arma de guerra) una gran piedra contra el apu Ampato. Esa piedra inmensa voló por los aires con ruido estruendoso, más que los truenos, y generando fuertes vientos, más que un huracán. El proyectil cayó cerca de las faldas de Walka-Walka formando un gran hoyo que se reconvirtió en la laguna de Mocurca, con el impacto la tierra tembló, se levantó polvo, el cielo se oscureció, por varios días las aves no pudieron volar.

Ampato le devolvió en respuesta también un hondazo, a su proyectil le clavó una gruesa barreta y lo lanzó con mucha fuerza, voló por el aire como un cometa, de su cabeza salía fuego, la noche se iluminó como de día. La piedra cayó muy cerca del Ccorepuna, en el lugar llamado “Cejpa” (que en quechua significa desgarrado), la barreta causó un profundo agujero, a ese sitio hoy en día se le conoce con el nombre de Cepia, donde se pierde el agua del río Cotahuasi, formando una gran catarata.

Muy encolerizado Ccorepuna, ajustando su puntería y exigiendo al máximo sus energías, mandó un certero hondazo que pasó estruendoso y raspando el cuerpo de Ampato, a quien le causó una profunda herida, desgarró su cuerpo en forma de surco, de las piedras salían chispas, el Ampato boto mucho humo y lava, se dobló hacia un lado, por eso su cráter se encuentra a un costado.

El Ampato, herido de muerte, y haciendo un último esfuerzo, ayudado por el aliento de fuego de su hijo, lanzó un último y fulminante “huaracazo” empleó una piedra metálica de mediano tamaño pero muy pesada, tenía tungsteno, la piedra viajó silbando y rugiendo por los aires, impactó directamente en la cabeza del Ccorepuna, se escuchó un alarido ensordecedor, de la cabeza del apu empezó a salpicar y brotar lava como sangre, la tierra entera tembló, el impacto fue tan grande y estruendoso que, se sintió hasta en otros mundos, el golpe desintegró las rocas convirtiéndolos en polvo que cubrió los cielos y puso en oscuridad por mucho tiempo el aposento de los apus, luego reinó el silencio absoluto

Cuando los humos se desvanecieron y el padre Sol iluminó la faz de la tierra, se vio la destrucción y el caos, a un lado yacía el inmenso Ccorepuna sin cabeza, desde entonces se le llama “Ccoropuna” que en quechua quiere decir “cabeza mochada”. En el otro lado agonizaba el Ampato, doblado y votando lava

El padre Sol, enterado de la trágica guerra y muerte de los apus, castigó a sus ayllus, quitándoles las aguas que llenaban sus lagunas, sus ríos se secaron, la represa formada por Sahuanjea se desbordó, las plantas y los peces murieron, las vicuñas, alpacas y otros animales se alejaron hacia otros parajes, solo los cóndores se quedaron como únicos testigos de la trágica guerra y porque adoraban a la princesa.

Después de miles de años llegaron los primeros humanos para colonizar ambos cañones, Al hacer las ofrendas al Ampato, descubrieron a la princesa que habiendo tomado formas humanas, yacía acurrucada en los poderosos brazos de su protector Ampato, y a quien equivocadamente le pusieron el nombre de “Juanita”.

El Sahuanjea fue el único que quedó a salvo, aún permanece vivo, respira hasta ahora, con él se mantiene vivo el deseo de unificar ambos cañones y ambos pueblos.

Poblar el Cotahuasi no fue muy difícil, el fondo del cañón habiendo sido labrado en forma de “U”, en ambos lados del río quedaron amplias terrazas que facilitaron la siembra de la papa y el olluco. En cambio colonizar el cañón Colca fue más difícil. Al tener la forma de “V”, en cuyo fondo no quedaron terrazas, entonces los hombres empezaron a construir andenerías y dominar las laderas. En el fondo de la antigua laguna nacieron los pueblos de Maca, Madrigal, Hichupampa, Achoma, Yanque, Coporaque, entre otros. Viendo que sus habitantes eran muy trabajadores, el inca les premió con un choclo de oro, que al convertirse en maíz sirve de alimento a muchos pueblos.