Don Nicolás Pastor Benavides "El Titilo"
 
Autor: Walter Tinta Junco 
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El progreso de un pueblo depende de la creatividad y tesón de sus gentes, pero hay un dicho que dice “nadie es profeta en su tierra”, creo que para don Nicolás Pastor Benavides esa frase desafortunadamente reza. En este relato deseo rescatar ese universalismo de vida de éste singular hombre, ese desprendimiento por dejar todo y engrosar esa legión de tercos cabanacondinos que no desean separarse de su pueblo, ni de los suyos; que apuestan por el progreso y la continuidad de su historia, como esos soldados que defienden su territorio hasta dejar su vida en ella.

Don Nicolás viajó muy joven para Arequipa, al llamado de su tío el padre mercedario Saturnino Pastor Feria, quien habiendo alcanzado la cúspide de la jerarquía de los padres Mercedarios, quiso apoyar a su familia llamando a los sobrinos más inquietos, para enrolarlos a la vida clerical. Sin embargo, ninguno de los elegidos respondió a ese propósito, prefirieron llevar la vida profana, conocer el hambre y la satisfacción, la enfermedad y la lozanía, los triunfos y las derrotas, finalmente fue el amor por la mujer cabanacondina que lo atrajo para siempre a su pueblo natal, donde formó una ejemplar familia, cuyos hijos en mayoría se encuentran en Europa.
 
  Luego de varios años de vestir la sotana de los mercedarios, y en las puertas de ser ungido padre religioso, el joven Nicolás Pastor abandonó el convento, fugándose detrás de lo que sería su esposa doña Basília Salazar Feria. Una tarde se presentó ante su primo el estudiante de la Normal Superior , don Claudio Tinta Feria para decirle, “primito que tal si nos vamos para Cabanaconde a jugarnos un partido de fútbol” a lo que ambos asintieron, se abrazaron entre lágrimas y enrumbaron hacia donde el corazón les reclamaba, ambos habían dejado sus palomas en su pueblo y ambos sufrían por verlas. De ese viaje solo regresó a Arequipa el primo Claudio para terminar sus estudios en Puno, el primo Nicolás se quedó junto a lo que más quería, su pueblo y su prometida.
 
En el pueblo le llamaban más por su “chapa” que por el nombre, le decían “titilo” por sus ojos azules y también por que era sencillo, de buen carácter y con mucho sentido del humor, no tenía posturas 
 posturas arrogantes ni de superioridad para con sus paisanos, a pesar de su condición de “letrado” y piel blanca. Practicó la filosofía del justo medio.- ni tan alegre ni tan triste, ni en carcajadas ni en llanto, en su rostro y sus ojos azules se leía una serena alegría, y su frente reflejaba nobleza.

Fue buen agricultor, se le veía ir a la chacra muy temprano montado en su caballo de paso o su mula majeña, con su sombrero de paja, silbando alguna melodía, con la lampa en la alforja y acompañado de su mastín “tarzán” a quien le dio valores casi humanos, por que le ayudaba a cuidar sus ganados de la acechanza de los zorros y de los abigeos.
 
 Don Nicolás era un hombre avizor y adelantado. Cuando el distrito de Cabanaconde era todavía un pueblo sin la fama de sus atractivos turísticos, puso el primer hotel en la esquina de la plaza mayor, donde plantó un letrero que decía “Hotel Brasilia, Alojamiento y Pensión” Eso de Brasilia me di cuenta mucho después que era un discreto homenaje a su inseparable mujer, quien vive devota de su esposo y prodigando cariño a sus hijos y los hijos de su familia. En cada llegada a Cabanaconde, la tía Basília 
 siempre guarda alguna muestra de afecto para sus sobrinos que la visitan, y a quienes cuenta sus viajes a París, Madrid o Venecia, donde le llaman sus hijos pero que no se acostumbra, reiterando que nunca volverá a abandonar Cabanaconde, donde se siente a gusto.Otro hecho a destacar es que don Nicolás quiso el progreso de su pueblo no solamente en el campo de la agricultura y el turismo, sino también en el campo industrial, él puso el primer molino de piedra en Puquio, movido por la fuerza hídrica. En ese molino muchos han transformado sus granos de trigo o maíz en harina, para luego transformarlo en pan, en el primer amasijo o panadería de Cabanaconde, también de propiedad de don Nicolás Pastor. 

Por tantos adelantos llevados al pueblo, por tanto esfuerzo que puso para trasformar y mejorar las condiciones de vida de sus paisanos, bien merecido tiene para ser recordado con el apelativo de “empresario, o inventor” además de “titilo” nombre con el que sus coetáneos lo recuerdan con mucho cariño, aunque las recientes generaciones desconocen los valores de sus predecesores, de aquellos que han cruzado el puente de la historia para convertirse en nuestros auténticos adalides.

 

En testimonio de gratitud y orgullo hacia el tío e ilustre paisano, estas páginas serán inevitablemente esparcidas a los cuatro vientos, donde con seguridad y en reciprocidad, su espíritu soplará aires de hermandad y de progreso, hacia el pueblo que tanto quiso, Cabanaconde.