Mensaje para: Cesáreo Martínez Sánchez “Chacho”
(Recuerdo al hermano, al poeta y al camarada)
Por Walter Tinta J.
Querido hermano Cesáreo, este 27 de enero se cumple 4 años de tu eterna partida, el sitio de la mesa que ocupabas para engullir los yantares preparados por Pepita o Nilda, permanece vacío, la navaja con la efigie de Taras Bulba que trajiste de regalo desde Rusia ya no corta, la guitarra Kawasaki que rasgabas para entonar “palomita cuculí” ya no suena. Los bares que visitábamos desde el Palermo, el Chinochino hasta el Wony están cerrados, la mayoría de los amigos con quienes celebrábamos la vida, han desaparecido. El bar que alimentábamos de nepentes y bálsamos está vacío. Estamos huérfanos de tu sabia mirada, y del manto de vitalidad con que nos cubrías contra vientos de maldad, ya no escuchamos tus historias de amor y locura. Pero, aún después de todo, sigue en nuestra memoria tu grave voz, tu atildado hablar, tu certero juicio y el cariño que irradiabas a los tuyos. La luz de nuestro camino es la decencia de tu vida y la fortaleza de tu espíritu. Te recordamos en la alegría o la tristeza, con inmenso orgullo.
He vuelto por los caminos de Tabaconas y Manchara, “país de los crisantemos gigantes, donde se hurga con el lodo hasta los sesos”, en cuyas selvas trabajaste como obrero para el proyecto Olmos, donde tuviste el gran encuentro con el ruso como tú marginal - Serguey Poluetov, con quien bebiste 4 días y sus 4 noches cantando “balalaica balalaica jarashó”.
Antes de tu partida, allá en el sur, muy lejos de Lima y cerca al Cañón Colca, vi a esa chica de ojos y cuello de vicuña, quien inspiró en ti tu gran obra de Celebración de Sara Botichelli, y por cuyo amor querías quitarte de este mundo, pero preferiste escribir este poema antes de ir al monte.
ESCRITO A CIEGAS SOBRE LA ARENA
Y bien muchachos de oro mañana me quito del país marzo me espera en otras arenas otros silbidos de árbol donde no se si tendré pasos no se si tendré estas manos fosforescentes que aún cantan que aun no se han marchitado como los sueños azules los lagartos extendidos de madrugada de oscuras a oscuras como quisimos atrapar la luz como quisimos que fuera tu destino mis resuellos de bestia embestida por los tufos de la realidad mi cuerpo no quiso marcharse pero tampoco tuvo aliento mi cuerpo no tuvo cuerpo no pudo forjarse un espectro semejante a si mismo como las tantas larvas que mana de la noche nadamos en la historia sofocando la fiebre con pequeñas fiestas del espíritu oh gran nubarrón de muchachos vendidos antes del nacimiento desteñidos antes de los 30 un ojo hervido de estrellas persigue mi vida yesca y no me corro tan solo me marcho como los vientos cuesta arriba cuesta abajo hurgué los rincones luminosos de la patria los rincones tímidos de mi corazón amanecí sucio y ebrio bajo los puentes de plata que conducen a la locura anochecí entre viejos campesinos verdes tumbados cerca del Gran Río y compré manzanas para no desmayarme en las esquinas conozco los misterios del alma conozco los límites de mi propia debilidad por que a mi regreso de Chile sigo entrando al cine oh muchachos de oro muchas veces ahíto de soledad baje hasta los muelles hechizado por los ojos de la lluvia copulé poesía con muchachas cristalinas a quienes pague con dineros limpios y las tres veces que abrí mi corazón se me dijo que no, (que no jodas) no sé qué seré al final de este ruidoso viaje no sé si venderé mis ilusiones como a pájaros pintados estos son pues muchachos los bajorrelieves de una última mirada de una fragancia que arderá en vuestros ojos y no me marcho en busca de mejores arenas por que ningún país es mejor que otro beso los ojos del mío beso el nacimiento de Sara Botichelli cuya serena tristeza será el gran poema en mi cuaderno de viaje.
Pero cuando resucitaste celebraste la vida diciendo:”la vida es la única realidad azul que nos cautiva…”
Los proyectos labrados por ti para hermanar al Colca, Cotahuasi y el Colorado, permanecen vivos, palpitantes como sus volcanes. Las bibliotecas forjadas para extirpar la ignorancia de nuestros hermanos empiezan a germinar. Tus mensajes de rebeldía contra la opresión, la transculturación y la abulia, se escuchan como tañidos de campana. Estamos preparándonos para la gran marcha que nos conduzca hacia la trascendencia, sin olvidar tropiezos como aquel cuando las huestes de Alan invadieron nuestro templo. Sembraremos aires de identidad y libertad en las escarpadas laderas y pueblos del Colca, y tu memoria nos acompañará solemne y alto como el vuelo del cóndor.
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